Quejarse se ha convertido en todo un deporte internacional. Y parece ser que no trae demasiados beneficios, al contrario, te hace más débil.

La palabra queja proviene del verbo latín coaxare, que significa “croar” es decir, el sonido que hace una rana. Y es que cuando nos quejamos realmente sonamos como ranas. ¿A que si?

Quejarse es algo bastante innato en los seres humanos. A veces necesitamos simplemente “sacar fuera” lo que estamos sintiendo o simplemente expresar nuestro dolor como una forma de liberarnos y sentirnos mejor. Hasta cierto punto esto es totalmente normal y es algo sano.

Cuando quejarse es un hábito:

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Hay una diferencia entre expresar nuestro dolor o insatisfacción en determinados momentos y quejarse como un hábito.

Las personas que tienen el hábito de quejarse son aquellas que encuentran pegas a todo. Cuando hace frío porque hace frío, cuando hace calor porque hace calor; cuando están solas porque están solas y cuando están con gente porque están con gente…

Estas personas no suelen ser conscientes de su mal hábito de quejarse y no lo hacen por fastidiar a nadie. Simplemente es un hábito que han adquirido y funciona en automático sin que se den cuenta siquiera de lo quejosas que llegan a ser.

¿Por qué una persona se queja?

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En primer lugar por un sentimiento general de insatisfacción. Todos sabemos, porque lo hemos podido experimentar, que cuando estamos felices nos da lo mismo que llueva o que el vecino no nos salude. El problema de una persona que se queja constantemente no es que haga frío o que haga calor, el problema real es la gran insatisfacción interior que sienten y la necesidad de buscar culpables fuera de ellas.

En segundo lugar porque quejarse ha pasado a ser un hábito y funciona, tal y como ya hemos visto, como una respuesta en automático y se convierte así en un estilo de vida. Y los hábitos, cuanto más los repites más fuertes son.

En tercer lugar estas personas suelen encontrar un beneficio en la queja. Quejarse les sirve por una parte para no hacerse responsables de ellas mismas y en segundo lugar para manipular a los demás y así obtener más atención o un trato más especial.

Motivos por los que dejar de quejarse:

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1- Quejarse constantemente de todo es cansino para las personas que te rodean:

Es agotador estar con una persona que sólo pone problemas a las soluciones y además es frustrante. Nadie va a poder ayudarte si tú no quieres que te ayuden.
Un día hablaba con una persona que se quejaba de su soledad, yo intentaba darle opciones que solucionaran su “problema”. Recuerdo que entre la última cosa que se me ocurrió fue decirle que adoptara a un perrito o a un animal, que dan mucha compañía. Su respuesta fue “No, que se ponen en medio y al final se me pondrá delante, no lo veré y me hará caer”.

2- Cuando uno se queja su mente se enfoca en el problema y no en la solución:

Si sólo vemos lo negativo en todo, sin más, nuestra mente no será capaz de encontrar soluciones y ni siquiera lo va a intentar. La mente es un músculo flexible, y por tanto se puede modelar. Si sólo prestas atención a lo negativo tu mente seguirá viendo lo negativo y cada vez estará más entrenada para ver todo lo que no te gusta. Esto va a seguir así a menos que empieces a poner atención a las cosas positivas y entrenes tu mente para que poco a poco y cada vez más empiece a prestar atención a las cosas positivas.

3- Asume la responsabilidad de tu vida:

Si hay algo que no te gusta, que te molesta o que no te hace feliz es tu responsabilidad cambiarlo. Y ese cambio sólo depende de ti.

No tienes la culpa de lo que te haya podido pasar en tu infancia o en tu vida, pero si es tu responsabilidad liberarte de todo lo que te limita o te perjudica.
Hasta que no te hagas responsable, tomes el control y decidas que a partir de ya vas a tener la vida que tú quieras, vas a seguir igual.

4- Presta atención a las cosas buenas que hay en tu vida:

A todo aquello que tienes y dedica más tiempo a agradecer.
A veces, cuando la mente está tan enfocada en lo negativo nos cuesta ver lo positivo. Una buena manera de ver las cosas positivas cuando estamos en estado negativo es respondiendo a esta pregunta:
¿Qué podría ir peor?
Y en esa respuesta vas a encontrar las cosas por las que agradecer.

Todos los días agradece al menos diez cosas que te hayan pasado o que tengas. ¿Te parece ahora un buen momento para hacer este ejercicio?

5- Toma el control de tus pensamientos:

Tus pensamientos son la gasolina que guía tu vida. Un pensamiento negativo no hace daño, pero varios, y todos los días terminan por lastimarte. Sólo tú eres responsable de lo que piensas y sólo tú puedes cambiarlos.

Para empezar vas a tener que ser consciente y tener pensamientos positivos de forma intencional, pero si lo haces verás que poco a poco va formando parte de ti. Funcionan igual los pensamientos positivos que los negativos, no lo olvides.