Emprender es de valientes. Y seguir adelante con un proyecto profesional propio lo es aún más.

Creo que emprender es uno de los trabajos personales más grandes que puede realizar una persona. Y digo personales, que no profesionales, porque emprender hace que te metas en un callejón sin salida con tus mayores fortalezas y tus mayores debilidades.

 

Primer miedo:

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Un valiente no es alguien que no tiene miedo. No tener miedo no es ser valiente, ser valiente es tener miedo y no dejar que te domine. Eso es lo difícil, ahí está el reto y tu verdadera conquista.

Y es que cuando emprendes empiezas a encontrarte con tus miedos de cara, uno a uno, miedos que no sabías ni que existían.

 

Porque el miedo empieza ya antes de emprender. Tomar la decisión de emprender no es fácil, ahí empiezan las primeras dudas:

“Hay mucha competencia”

“No sé si podré”,

“A ver si lo hago bien”

Y ya para colmo siempre aparece alguna vocecita que dice alguna frase del tipo “yo tengo un primo en Móstoles que también intentó lo mismo que tú y fue imposible, estuvo un año entero y nada de nada, tuvo que ponerse a trabajar, no se puede vivir de eso”.

Primer sueño:

Pero a pesar del miedo, hay una parte de ti que quiere, que desea, que sueña con hacerlo posible.

Y es que en mi caso al menos me daba mucho más miedo verme con 10 años más, cargando con el peso de la duda, que tirarme de morros a un precipicio a ciegas aún con el riesgo de encontrarme cactus debajo.

Lo que pasó ya pasó, lo que podría haber pasado siempre retumba, y a mí no me gustan los ecos.

Aquí cada uno tiene que valorar, pero si no lo intentas nunca sabrás la respuesta, y eso nadie puede discutírmelo.

Motivos para no arriesgarte siempre los hay. Vas a perder seguridad y vas a correr muchos riesgos, y posiblemente no sólo tú, sino que posiblemente arrastres a más personas si tienes familia.

Pero emprender es un riesgo que se asume o no se asume.

¿Y si sale mal? Pero… ¿Y si sale bien?

Y si te lanzas llegas al momento al que yo llamo “a la mierda, lo hago”.

Segundo miedo:

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Después del “a la mierda, lo hago” y de la montaña rusa que vives entre el subidón de adrenalina de lanzarte al vacío y el miedo de encontrarte con leones abajo te encuentras con:

¿Zona de confort? ¿Dónde estás?

Y de repente todo es incertidumbre, incerteza, duda, inseguridad. Tener el primer cliente genera tanta ilusión como acojone.

La sensación que tenía cuando empecé era la de estar en medio del océano chapoteando, a veces en círculos, sin tener demasiado claro qué hacer. A veces encontraba una isla y la sensación de “tierra firme” me hacía vibrar y a veces me encontraba con tiburones y no sabía si dejar que me comieran o comérmelos yo.

Ubicarse, situarse, todo nuevo, y no sólo toca aprender, sino que toca desaprender muchas cosas que habías aprendido erróneamente.

Segundo sueño:

Y es que salir de tu zona de confort te hace, mejor dicho, te obliga a aprender. No te queda más remedio que buscarte la vida, meter la pata tres veces, o tres mil, antes de hacerlo bien, o de tener un resultado que te satisfaga.

Pero poco a poco te vas dando cuenta de que vas aprendiendo, y si vas aprendiendo vas creciendo. Y algunas cosas que antes te atormentaban ahora dominas a la perfección, aunque muchas veces te enfoques tanto en el siguiente reto que te olvides de parar y mirar hacia atrás para valorarlo.

Tercer miedo:

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¿Dónde narices va a parar mi tiempo? Porque no es que no dediques tiempo, es que te falta, es que no llegas. Y no sabes priorizar, ni organizarte, ni que es urgente, ni que es importante.

Son demasiadas cosas, te abruma, te supera y te ahoga. Y hay momentos en que lo ves todo oscuro. Y es que organizarse es un arte que hay que aprender.

Siempre había visto una soberana chorrada esos talleres de “gestión de tiempo”, pero la leche, de repente les ves todo todito el sentido y te das cuenta de que manejar el tiempo no es tan sencillo.

Tercer sueño:

El tiempo te controla, pero a pesar de todo estás haciendo lo que te gusta y es tiempo invertido en ti, en tu sueño, en tu aprendizaje y en tu crecimiento.

Y conforme va pasando el tiempo empiezas a mirar hacia atrás y te das cuenta de que, profesionalmente hablando, no puede haber tiempo mejor invertido. Y eso también te hace sentir grande.

Continuará… 😉