Las palabras pueden hacernos reír, llorar, emocionar, entristecer…
Tienen un gran poder y sin duda afectan a nuestro estado emocional. Pero como todo, si no aprendes a usarlas puedes hacerte daño a ti mismo.

Y es que cuando pones palabras a una experiencia, es cuando realmente tu cerebro la está creando y almacenando.

Así que con el objetivo de que empieces a usar el lenguaje a tu favor hoy te traigo cuatro errores que solemos cometer y desde luego nos perjudican.

Hablar de lo que no quieres:

lenguaje coaching pnl

Es uno de los errores más comunes. Y es que la mente se enfoca. Y este enfoque depende de ti.
Por ejemplo, supongamos que tu situación profesional no te gusta. Estás hasta el gorro de tu trabajo y crees que el sueldo que cobras es muy insuficiente.

La situación es la que es, y posiblemente sepas y tengas claro qué es lo que no quieres: seguir en ese trabajo. Pero la diferencia está en hablar (ya sea con los demás como contigo mismo a través del pensamiento) del trabajo de mierda que tienes, de lo mal que te tratan, de lo hasta el gorro que estás y de los tres millones de quejas más o bien en hablar de lo que sí quieres, que posiblemente sea encontrar un buen trabajo en el que te valoren y te paguen un sueldo digno.

¿Qué te va a aportar hablar de lo que no quieres?

¿Cómo te sientes después de hablar de lo que no quieres?

¿Si tu problema lo tuviera uno de tus seres queridos, les dirías lo mismo que te dices a ti?

Como ya habrás podido ver, hablar de lo que no quieres sólo te va a aportar cabreo y sentirte mal. Y si te sientes mal tu cabeza se bloquea y entra en bucle. Lo más probable es que la situación siga sin cambiar pero que tu cada vez te sientas peor.

En cambio, si hablas de lo que sí quieres tu mente va a empezar a buscar soluciones, tu estado de ánimo va a estar mucho mejor y eso te va a permitir tomar mejores decisiones y por tanto, mejores resultados.

Así que mi #consejo1 de hoy es que pienses qué es lo que quieres y que luego hables de eso, tanto a los demás como a tu propia mente a través del pensamiento. Solemos ser nuestros peores animadores, y eso no puede ser, al fin y al cabo nadie habla tanto contigo como tú.

Usa bien la palabra pero:

pero

Me gusta esta cita de Eduardo Sacheri, y es que describe bastante bien lo que hoy te quiero transmitir.

El “pero” siempre se carga todo lo que va delante, así que empieza a prestar atención cuando uses el “pero”. Porque no es lo mismo decir:

“Lo quiero, pero es que es difícil” que “Es difícil, pero es que lo quiero”.

“Quiero encontrar otro trabajo pero es que la cosa está muy mal” que “La cosa está muy mal pero es que quiero encontrar otro trabajo”.

“Me estoy enamorando pero tengo miedo” que “Tengo miedo pero me estoy enamorando”

Por lo que mi #consejo2  de hoy es que la próxima vez que te sorprendas diciendo un “pero” te detengas y pienses bien qué quieres poner delante y qué quieres poner detrás.

Generalizaciones:

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Tenemos tendencia a ser un poco melodramáticos y exagerados. Y es que sin darnos cuenta solemos generalizar, tanto con nuestras propias conductas como con las conductas de los demás.

Las palabras como “siempre”, “nunca”, “todo”, “nada”, “todos”, “nadie” pueden ser grandes desanimadoras.

Frases como “todo me sale mal”. Cuando alguien en consulta me dice esta frase yo le pregunto “¿Todo?”, y suelen reafirmar que “todo”. Y cuando empiezo a indagar resulta que, en realidad, lo único que le sale mal, a veces, es una sola cosa.

Al generalizar, nos desmotivamos. Imagina que cometes un error y te viene tu jefe, tu marido, tu mujer, tu padre, tu hija o quien sea y te dice “Es que todo lo haces mal”. Sería un poco duro por su parte ¿No crees? Entonces ¿Por qué te lo dices a ti?

#Consejo3: Cuando te sorprendas usando un generalizador, párate un momento y pregúntate “¿Todo?”, “¿Nada?”, “¿Nadie?”… Y luego repite de nuevo la frase:

  • “Es que nadie me apoya”
  • ¿Nadie?
  • Bueno, mis padres, mi pareja, mi amigo del alma y mi prima me apoyan en todo.
  • Ok, la frase correcta sería “Hay algunas personas que no me apoyan”.

¿Cambia, verdad?

Usar palabras negativas:

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Las palabras que uses afectan a la bioquímica de tu cerebro. Y si afectan a la bioquímica de tu cerebro también afectan a tus emociones y a tu cuerpo.

Palabras con connotaciones negativas como “odio”, “enfado”, “frustración” activan tu bioquímica de manera negativa.

No se trata de decir “estoy muy bien” cuando uno está “enfadado”, pero sí que es muy útil usar palabras con connotaciones más positivas para describir tu experiencia.

Por ejemplo decir “Hoy Rosa me ha dicho X y me siento desencantado” en lugar de decir “Hoy Rosa me ha dicho X y me siento enfadado”.

Si te paras a prestar atención a tu lenguaje verás que sueles usar las mismas palabras a menudo. Así que si detectas las diez o veinte palabras negativas que sueles usar y encuentras la alternativa positiva, podrás empezar a usarla y con ello la bioquímica de tu cerebro será mejor, y por tanto también tu cuerpo y tus emociones.

El otro día una mujer repetía muy a menudo “me siento frustrada”, después de darle vueltas se le ocurrió una muy buena alternativa, a partir de ahí empezó a usar la palabra “retada” en lugar de “frustrada”. Tres semanas después se sentía mucho más motivada y había encontrado soluciones a problemas que llevaba tiempo arrastrando. Y es que decirte “esto no me sale, me siento frustrada” o decirte “esto no me sale, me siento retada” cambia mucho.

Así que para terminar, te dejo mí #consejo4 de hoy: busca alternativas a las palabras negativas que sueles usar y empieza a usar las palabras nuevas.

Sé que no es fácil, pues yo misma me sorprendo a veces usando las palabras en mi contra, es un ejercicio que requiere de atención y constancia, pues el uso del lenguaje es bastante automático, pero desde luego si, poco a poco, tomas consciencia y cambias tu lenguaje cuando no te des cuenta habrá muchas palabras que ya te saldrán de manera positiva, pues habrán pasado a ser un hábito para ti.